Cosas del día a día: Ser invisible

Vive a 187 pasos de la puerta de mi casa pero no somos vecinos. Me cruzo con él a menudo pero no le conozco. Tiene, estoy seguro, una familia. O la tuvo alguna vez. Aunque nunca se ven, no hablan, no saben dónde encontrarse. Solo sus ojos he visto. Unos ojos hundidos, apagados por mil experiencias negativas. La cara tapada por un viejo pañuelo de colores. El resto del día mi mente intenta olvidarse de el pero su voz me persigue. Su saludo diario, siempre el mismo;

-Buenos días señor. Bonita mañana. Le deseo que sea feliz hoy.

Ese acento es extraño. Italiano creo, aunque estoy seguro d que aprendió nuestro idioma en el sur de España. Siempre he querido detenerme para hablar con él, quiero preguntarle por su historia. Necesito saber cómo llegó a esta situación. Confieso que a veces me dan ganas de darle un abrazo porque eso es gratis y a todos nos gusta. Me pregunto cuánto tiempo lleva sin un abrazo. ¿Lo recordará? Pero qué vergüenza abrazar a un desconocido.

Siempre parece ocupado recogiendo su ''casita bajo el puente.” Su pequeño trozo de mundo. Es la suya una casita sin puertas pero con las ventanas más grandes que jamás he visto. Sus escasas pertenencias en un pequeño carrito de supermercado, decorado con 2 inmaculadas rosas de plástico. Apoya su colchón bajo el muro y sale a buscarse la vida.

Un día me atrevo a entablar conversación. Le comento que ya nadie tira nada. Sonríe y asiente mientras responde que siempre hay cosas de valor. Sé que sonríe aunque no veo su cara. Me mira, creo que con cariño. Soy un “ciudadano normal” y le hablo. Eso no es habitual y lo agradece. Lo normal para él es ser invisible para el mundo. ¿Seré raro? Probablemente lo soy pero me importa la gente. Definitivamente soy un bicho raro y me encanta serlo.

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