Edimburgo: Compartiendo piso con extraños

Por: Idunilla

Llegué a Edimburgo en septiembre de 2007, acababa de terminar la carrera (más o menos) y como tenía una beca para estudiar inglés pensé que podría ser una buena excusa para aprender inglés de una vez por todas. Escogí Edimburgo porque tenía una amiga viviendo aquí, había venido de vacaciones y el sitio me gustaba aunque hacía un aire del demonio, y sería más fácil con mi supuesto nivel de inglés intermedio quedarme con mi amiga mientras buscaba piso y mejoraba el idioma. Pero apenas un mes antes de llegar mi amiga me dijo que se piraba. Así que yo ya lo tenía todo listo para irme pero claro, no me había informado de nada porque el plan era que ella me comentase como iba todo. Ella me iba a enchufar en su hotel de housekeeper.

Así que al final decidí que si en el tiempo que duraba el curso encontraba piso y trabajo me quedaría, porque el objetivo era hacer un máster en Edimburgo. En el curso conocí a otra chica que también había llegado un poco a la aventura, así que las dos nos pusimos a buscar piso y curro mientras aún vivíamos con nuestras host families. Cuando apenas me quedaba una semana de curso me di cuenta de que no iba a encontrar casa a tiempo, porque la gente obviamente no escoge a cualquiera y porque cuando lo hacen normalmente prefieren a alguien que les entienda y con quien poder hablar, y yo no era esa persona. De hecho vi anuncios en los que específicamente se pedía gente de habla inglesa.

El caso es que llamé a mi amiga (que ya no lo era tanto) y le pregunté si me podía echar un cable con lo del piso, si conocía a alguien porque me tenía que ir de la casa en breve y ya me veía en la calle. Al final me puso en contacto con una venezolana que había conocido aquí y justo buscaba compañera de piso. Quedé con ella y me pareció muy simpática, efusiva como son los latinoamericanos. Me dijo que no vivía en el centro pero que no tendría que pagarle alquiler porque había tenido problemas de salud (mentales) y el council le pagaba la casa y demás. Yo estaba encantada, básicamente porque apenas tenía dinero y aún no había encontrado trabajo. Fui a ver la casa un par de días antes de mudarme y casi se me cae el alma a los pies. Ahora se que el barrio es uno de los peores que hay en Edimburgo, con el aspecto típico también de basura por todas partes y desolación así en general. En realidad no me importaba porque era un sitio donde quedarme. El salón sería mi habitación y ya tenía una pequeña cama y un sofá para apañarme a mi manera.

Me mudé con ella y al principio todo iba bien. Me ayudó con lo de la cuenta del banco y el número de la seguridad social, y no tuve ningún problema para ninguno de los dos. En el banco mentimos, claro, diciendo que era estudiante y que necesitaba la cuenta para que mis padres me mandasen dinero cada mes. Incluso me dieron una tarjeta de crédito. Para estas cosas siempre te piden una prueba de residencia, una carta de algún tipo, pero yo vivía "ilegalmente" con ella, o sea que no tenía ninguna. Esa era otra, utilizábamos la dirección del vecino porque sino ella podría tener problemas con el council. Entretanto le había pedido dinero a mis padres, porque tras una semana con 5 libras y sin perspectiva de trabajo, me pareció que no me quedaban demasiadas opciones. Obviamente no fue muy inteligente ir con tan poco dinero desde un principio.

La otra chica y yo seguimos pasando la escuela aún habiendo terminado el curso para usar internet en la búsqueda de trabajo. Probamos en el JobCentre, pero muchos trabajos eran de llamar y aunque su inglés era mejor que el mío, preferíamos no llamar. Al final mandamos nuestros CV´s por correo a una compañía de catering y tuvimos suerte, aunque cuando me llamaron mi compañera de piso respondió al teléfono porque yo no entendía lo que me decían. La entrevista no fue tan mal, mi jefe era muy simpático, así que nos contrató a las dos. Yo me sentí mucho más tranquila, porque sin un buen nivel de inglés el hecho de trabajar con un español ayuda a tener más confianza y seguridad.

Entonces mi compañera de piso me dijo que tendría que empezar a pagarle renta (la renta atrasada también), comida y otras cosas que había comprado para mí (sin yo pedírselo). No mucho, como unas 120 libras de renta (la comida tenía pensado pagársela, claro), pero al empezar me pagaban a la semana (como 140 libras con el tema de las tasas y demás) y me apretaba un poco. Yo se lo pagué de todas formas, le estaba muy agradecida por haberme adelantado dinero y haber hecho compra para mí y todo eso, así que durante unos meses no me quedó más remedio que trabajar y estar en casa, sin lujos de ningún tipo.

Las cosas parecían ir bien. Tenía un trabajo fijo, el jefe nos pagó semanalmente durante un par de meses, seguro de que nos haría falta dinero, y mi inglés empezó a mejorar un poco. Pero solo un poco porque mi compañera de piso y yo hablábamos en español. Y ella no callaba. Yo intentaba hablar en inglés pero al final desistía. También me deprimía el hecho de no entender a ciertas personas en el trabajo, schemies con verdadero acento escocés a los que no se les pillaban dos palabras seguidas. Trabajando fue donde conocí a mi actual novio, aunque la cosa no empezó por ahí. Yo lo evitaba continuamente porque no le entendía ni una sola palabra (quizá porque susurra más que otra cosa), aunque al final a base de quedar e intentar comunicarnos la cosa funcionó. Desde entonces mi nivel de inglés se disparó, por fin era capaz de mantener conversaciones medianamente decentes sobre multitud de cosas.

Entonces fue cuando mi compañera de piso se cruzó. Apenas nos veíamos porque yo trabajaba de 7 a 3, con lo que me levantaba a las 5 cada día para ir a trabajar, y cuando volvía ella ya no estaba. Yo me iba a dormir a las 8 o así, por lo que cuando ella llegaba yo ya estaba a punto de levantarme. Y casi que lo agradecía porque las veces que coincidíamos me volvía loca. Empecé a entender lo de sus problemas mentales. Se quejaba de todo lo que hacía o dejaba de hacer, me decía que era una malcriada y que no sabía convivir. Llegó un momento en que me sentía como en una prisión y lo único que quería era volverme a España. Me sentía culpable porque me había ayudado mucho al principio pero ahora lo único que hacía era amargarme la vida. La cosa reventó cuando me dijo que una amiga suya se mudaba al piso y que como se traía su propia cama IKEA tamaño matrimonio, iba a compartir el cuarto con ella. Le dije que se lo agradecía mucho pero que ni de coña, que buscaría un piso antes de que su amiga se mudase. Resultó ser una de las mejores decisiones de mi vida porque las dos estaban como cencerros y de verdad te entraban ansias asesinas cada vez que abrían la boca.

Así empecé la búsqueda de piso, y no recuerdo muy bien pero tras unos cuantos encontré uno bastante céntrico y que no estaba mal. El piso era nuevo a compartir con un chino que vivía siempre en su habitación (parece ser algo habitual en los asiáticos, no se porque). Tuve que volver a pedir dinero a mi familia porque tenía que dejarle una fianza de 300 libras y pagar otras 320 por el alquiler, facturas incluidas y sin pagar las council tax. Para ser Edimburgo, los 300 al mes no te los quita nadie, o sea que estaba contenta, sobre todo por librarme de las piradas que me estaban amargando la vida.

He de mencionar que la primera noche que pasé con la venezolana me di cuenta de la “calidad” del barrio en el que vivía. Una mujer bastante borracha se puso a dar voces a una ventana vecina a la nuestra. Al parecer había tenido un lío con el hombre que vivía allí, él la había dejado y ella pues no estaba muy de acuerdo, así que le estaba gritando de todo menos guapo. La acompañaba su hijo, que también gritaba cosas de vez en cuando, hasta que el hombre bajó y les dijo básicamente que se fuesen a tomar viento y cuando el hijo se puso un poco gallo le soltó una guantada que lo dejó en el sitio. Acabó viniendo la poli y la convencieron para que se fuese, pero al poco volvió y terminaron deteniéndola.

Tuve otro problema con los chavales del barrio, que se habían reunido a la puerta de mi casa en Halloween y cuando llegué me preguntaron <i>“Trick or treat”</i> y como no les contesté, se pasaron como una hora picando a casa y llamándome de todo. Al final se cansaron y me dejaron en paz. Estos han sido casos aislados porque en general Edimburgo me parece un sitio muy seguro. Algunos dicen que a partir de las 3 o 4 de la mañana no es seguro andar por la calle porque casi no hay gente y los que hay te pueden dar problemas, pero a mí nunca me ha pasado nada. A otra gente sí.

Volviendo a la mudanza, ingenua de mí, no se me ocurrió preguntar si la chica que vivía en la habitación dejaría sábanas y demás, ya que el chino me dijo que se volvía a su país. Me da la impresión de que no fue así porque cuando llegué a la casa la habitación estaba totalmente vacía. Eran ya las 10 de la noche y obviamente no tenía donde comprar sábanas, así que dormí con unas camisetas de almohada y una manta que había comprado días antes de cobertor. Al día siguiente ya fui al Pound Stretcher y pillé las cosas necesarias. La venezolana no me echó una mano con la mudanza porque estaba trabajando, y la otra chavala, con la que yo ya había discutido por gilipolleces varias que nada tenían que ver conmigo, poco menos que se rió de mí porque no quise pillar un taxi (temas de dinero) y tuve que dar dos viajes en autobús.

Pese a las pequeñas penurias tenía trabajo fijo, que no era poco. Había conocido a otro asturiano que trabajaba por agencia y las pasó más que putas durante el invierno por la escasez de trabajo, ya que unas semanas trabajaba 50 horas y otras semanas 2. La idea del trabajo por agencia es genial porque puedes hacer cosas, pero te requiere un colchón económico que muchas veces no se tiene. También seguía con mi novio y la cosa iba muy bien, aunque las diferencias culturales se notaban (y se siguen notando). Una de las mayores discusiones que tuvimos fue acerca de la comida, ya que su filosofía era no gastar más de una libra en cada comida (me río yo de las tres libras al día). Eso se reduce a baked beans smart Price ASDA o fish fingers. Obviamente no es que yo sea una escogida, pero me gusta comer comida de verdad. Eso en este país te supone un gasto. Aún recuerdo cuando me decía que me gustaba comer “fancy”. Ahora me río pero entonces no.

Mi vida social tampoco era la leche. Solo conocía a la chica española que trabajaba conmigo y que terminó dejándome de hablar, yo creo que en parte por el cansancio de vernos todos los días en el trabajo y saliendo de juerga, y en parte por empezar a salir con mi novio. El caso es que mi novio tampoco es un ser muy social y no queda a menudo con sus amigos, así que trabajando y saliendo juntos nos cansábamos el uno del otro. El cansancio era general, de la rutina de trabajo miserable, de lo poco motivador del tiempo y la gente, y de simplemente trabajar e ir a casa, salir de casa e ir a trabajar.

A los seis meses de vivir con mi compañero de piso chino me rallé un poco con él. Uno porque cuando salía de su habitación era para beberse botellas de vodka a pelo y vomitarlas horas después en el baño. El hombre estaba deprimido porque no zumbaba, ni con las japonesas (que según él eran más abiertas que las chinas), por mucho que invitase amigas a casa. Tampoco limpiaba nunca y además se iba a mudar a York antes de terminar el año. Terminé un par de veces teniendo conservaciones más que raras acerca de porque no se masturbaba como toda persona en secaño, pero parece que eso en China no se lleva. Al final el cabrón no me quiso dar todo el depósito que le había dejado y tuvo suerte que por una serie de circunstancias fue mi novio el que hizo la mudanza por mí (yo estaba atrapada en Alemania y eso es otra larga y lamentable historia) porque sino yo creo que le pego, total, soy más alta que él (que tampoco es difícil).

Encontré otro piso donde mi casera era española, muy simpática, que me consiguió un trabajo esporádico como asistente de español. Tras casi un año trabajando en el lugar de catering, debido a circunstancias personales y hastío acumulado, decidí buscarme otra cosa. No sabía nada de la crisis, así que dejé el trabajo y tardé tres meses en encontrar otro, que vino a ser del mismo tipo pero en otro lugar porque no pude encontrar nada mejor. Mi antiguo jefe no quería que me fuese y me ofreció horas sueltas si me apetecía, pero por mucho que le fuese a echar de menos, decidí que no era una opción volver a aquel lugar. Aún con cierta reticencia solicité el Jobseekers allowance ya que no era capaz de encontrar un trabajo, y me encantó como la señora me dijo que aunque tuviera una licenciatura en Biología, lo que equivale a un master en este país (aunque pal caso patates), me dijo que porque no solicitaba trabajos como profesora de español. Yo de verdad no me sentí con fuerzas de explicarle a la mujer que para ser profesor también hay que estudiar y tener cierto grado de capacitación, pero claro, quién soy yo para explicarle a la mujer como hacer su trabajo, no?. De todas formas solo lo tuve dos semanas porque encontré un part-time y en pocos días un full-time.

Esto me lleva a eso tan común de “trabajar de lo que sea” que tanto se lee en el foro. Eso está muy bien por un par de meses, al principio, pero uno se cansa de los trabajos basura enseguida y quiere algo más. Tras conseguir mi nuevo trabajo basura pasé las peores navidades de mi vida. Me sentía desgraciada, mi inglés era bueno y aún así no podía encontrar nada decente en lo que trabajar. Me pasaba la vida trabajando, encima en Navidad que es el peor periodo del año, siempre cansada y de mal humor. Ahí la relación con mi novio peligró bastante, ya que yo siempre estaba de mal humor y él nunca quería hacer nada. Las cosas no parecían tener mucho sentido.

Mi novio y yo terminamos mudándonos juntos hace unos meses por sus problemas con sus compañeros de piso y mis problemas con los míos. La convivencia es difícil a veces, porque lo es de por sí y porque nuestras diferencias culturales son bastante grandes y chocamos a veces, pero parece que la cosa va bien. Su familia está contenta conmigo e intentan aprender un poco sobre la cultura española mientras me dan a conocer la escocesa, lo cual se agradece siempre y cuando no te ofrezcan comida (lo siento pero los chippies me siguen pareciendo bazofia, coño, que soy de Asturias, vas comparame, oh!!).

Y sobre los pisos también me gustaría aclarar que ahora viviendo con mi novio es la primera vez que firmo un contrato. Cuando vivía con el chino, por ejemplo, tuve una experiencia un tanto extraña. Él había cogido el piso con una agencia y lo subalquilaba porque eran 650 al mes, y claro, es una pasta. El caso es que un día estaba yo en casa tranquilamente viendo la tele y empezaron a llamar y a llamar y a llamar. Y yo en general no abro a nadie, ni aquí ni en España, pero el tío no paró. Gracias a este fantástico sistema de puerta-buzón británico, el tío la abrió y me empezó a gritar que sabía que estaba ahí y que le abriese la puerta. Al final, bastante acojonada, acabé hablando con él a través del buzón. El hombre venía de la agencia porque el chino no les había pagado, y nos venía a poner la orden de desalojo. Claro, yo flipaba, y el chino no estaba en casa. Al final le dejé entrar después de que me enseñara una identificación, y según hablábamos del tema apareció el chino y la cosa se aclaró. Al parecer el banco la había cagado con la transferencia pero como el hombre vio que el chino tenía dinero en su cuenta, no nos desalojó.

Cuando vivía en mi boxroom y alguien venía a ver la casa o arreglar algo, yo tenía que sacar el colchón de la boxroom y aparentar que se usaba como salita o vete a saber... en fin, que había que ser imbécil para no darse cuenta de que el cuartucho estaba habitado. Cuando la policía vino a detener a mi compañero de piso según me acababa de levantar... si, también fue raro. En fin, que cosas buenas y malas pa contar si que hay. E historias de gente que vive sin contrato también.

Ahora en párrafo corto resumo los últimos meses de mi vida en Edimburgo, que ya me he enrollado bastante. Eso sí, son los mejores, es cuando de verdad empiezo a disfrutar mi estancia aquí, sin llegar a pillar la comida, claro. Por fin encontré un master que me gustaba, porque a todo esto yo seguía buscando trabajos de lo mío (por si colaba) y algún master interesante que hacer. Creo que el día más feliz que he pasado en Escocia fue el día que le dije a mi jefe que solo iba a trabajar los domingos porque empezaba mi master. Ya no necesitaba trabajar full-time en un trabajo de mierda!! Y solo me había llevado dos años conseguirlo... (eso si, me dijeron que si me quedaba full-time me hacían supervisora, y no me lo tuve ni que pensar, claro, master-supervisora en un restaurante... creo que la elección es fácil)

No se la filosofía que se trae otra gente cuando se va a otro país a buscarse la vida, pero hacer algo relevante con ella no es sencillo. Las únicas personas extranjeras que parecen tener cierta calidad de vida son las que han venido con trabajo porque tenían experiencia o lo que sea, o las que llevan aquí muchos años (y hablamos de 7, 10, 15 años) y eso requiere mucha fuerza de voluntad.

Mi vida social también ha mejorado claro. Hasta ahora solo podía sociabilizar con los compañeros de trabajo, y muchos de ellos solo sociabilizan si te gusta salir a emborracharte cada día. Ahora, los compañeros de clase quedan para otras cosas más que salir de noche. Sigo sin tener amigos españoles, cosa que a veces se echa de menos, pero al mismo tiempo te permite mejorar tu inglés mucho más rápido que si hablas en español más a menudo. Cuando siento morriña veo "Se lo que hicisteis" en YouTube, bueno pa que mentir, lo veo todos los días... y para ser honestos, la fama española de gente alegre y simpática a la par que jetas con el sistema se confirma en muchas ocasiones. No se muy bien como explicarlo sin sonar ofensiva, pero yo a veces me vuelvo anti-española. Y después de ver cosas como Españoles por el mundo aquí en Edimburgo, la chavala que se jactaba de vivir en un piso que costaba 550 libras pero se lo pagaba el council, o sea que ella ponía como 150 o una cosa así... me encendí como una cerilla. No quiero hacer comentarios porque obviamente cada uno toma sus decisiones, unos se aprovechan y otros no, y quizá los que se enfadan es por no haber sido tan espabilados de hacerlo ellos también, pero vaya, yo creo que la guaja lo decía todo ella sola. Y siendo periodista... que no es llegar y conseguir un trabajo a no ser que tengas un inglés más que excelente y cualidades literarias.

Como veis, mis desventuras en este país tienen más que ver con la decepción personal y la mala suerte con los compañeros de piso (el último resultó ser un delincuente pero esa es otra historia...) más que con los problemas a la hora de encontrar trabajo. Hacerse amigo de la gente local es también difícil pero no imposible, aunque tienes que ser un poco alcohólico para ello... y si te haces amigo de otros extranjeros... pues todo el mundo se acaba yendo por circunstancias de la vida, o sea que la vida del emigrante no es tan fácil como parece. Bueno, eso también depende de la filosofía de cada uno.

Ahora, yo que vine sin hablar inglés, por mucho que aquí me dijesen que mi nivel era intermedio, no recomendaría a nadie que lo hiciera. Porque se pasa mal, y no merece la pena. Yo era joven e inconsciente (como se suele decir) y creía que el inglés se aprendía en dos días y que todo sería jauja, y sin ser particularmente depresiva, hubo momentos que de verdad lo pasé mal. Esto no pasa en casa con mama jajajaja.

Espero que la gente se anime a contar más historias, que siempre son realistas y mucho más interesantes que el mundo Pleasantville.