Trabajar 8 horas diarias en un país que no es el tuyo, lejos de tu familia y amigos es duro. Acabar la jornada de trabajo agotada y no poder ver una película tirada en el sofá de tu casa en pijama porque los miembros de la familia que te han contratado están todos bien vestidos y sentaditos (y claro, no es plan). Que la niña pequeña de la familia te odie. Que fuera de tu horario siempre tengas que seguir trabajando porque siempre hay algo que hacer, como por ejemplo, tender la ropa.
Que te levantes un Lunes y te encuentres los platos de la cena del Domingo sin fregar. (Perdón, ¿Pero el domingo no es mi dia libre?)





