Mac72

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Bandera de MéxicoMéxico DF, México DF (México)

Estadísticas

8 May, 2012 - 18:41 (1 year 1 week)
29 November, 2012 - 07:53 (24 weeks 3 days)
10
42

Sobre Mac72


Residencia
México DF
México DF
México Bandera de México

Tiempo viviendo en México
0 años y 0 meses

Tiempo viviendo fuera de España
1 años y 10 meses

Procedencia
Valencia
Valencia
Información personal
Mujer
41 años

Profesional
Medios de comunicación, Periodismo, Sector Editorial

Cosas del día a día: Hace 200 años años, la Albuera (APR)

Hace tiempo que no cuento una de esas historias de navegaciones y batallitas que me gusta recordar de vez en cuando. También llevo años sin mentarle la madre a la pérfida Albión; que, como saben los veteranos de esta página, siempre fue mi enemiga histórica favorita. Si como lector disfruto con los libros que cuentan episodios navales o terrestres, disfruto mucho más cuando quienes palman son ingleses. Como español -cada cual nace donde puede, no donde quiere- estoy harto de que todos los historiadores y novelistas británicos, barriendo para casa, describan a los marinos y soldados de aquí como chusma incompetente y cobarde que olía a ajo. Por eso, cuando tengo ocasión de recordar algún lance donde a los súbditos de Su Graciosa les rompieran los cuernos, disfruto como gorrino en bancal de zanahorias. A otros les gusta el fútbol.

Cosas del día a día: La moneda de plata y el Tigre del Norte (APR)

Pongo la moneda de plata encima de la mesa y Jorge Hernández la mira sin comprender al principio. "Te la debo desde hace dos siglos y medio", digo. Jorge la agarra y la estudia, aún desconcertado, dándole vueltas entre los dedos. Es una pieza de ocho reales de plata mexicana, acuñada en 1769. "Ya es hora de que vuelva a su dueño", aclaro. Entonces Jorge, al fin, comprende y sonríe. Híjole. La plata de Taxco, o de por allí. Me da un abrazo. "Será muy valiosa", dice. Yo me encojo de hombros. "De ti depende -respondo-. Vale lo que tú quieras que valga".

Cosas del día a día: El sable y el granadero (APR)

Hoy toca vieja batallita. Con ésta, además, saldo una deuda. O lo intento. Iba en tren cuando un joven me abordó con mucha educación. Traía en la mano un objeto largo y estrecho en una funda de paño. Soy teniente de Infantería de Marina, dijo, y voy a incorporarme a un destino. También soy lector suyo desde que empecé a leer. Por eso, como éste es mi sable de oficial, quiero que lo tenga usted. Pasado mi estupor, y tras la natural resistencia a permitir que se desprendiera del sable, insistió y no hubo otra. Bajé del tren con su regalo bajo el brazo, que ahora está en mi casa, en compañía de dos docenas de sables y espadas vinculados a la historia de España de los cuatro últimos siglos. Agradecido, envié al joven un libro también un par de veces centenario, y con el acuse de recibo llegó una petición: que dedicase un artículo al granadero Martín Álvarez, infante de Marina español en el combate naval de San Vicente. Y aquí me tienen. Cumpliendo con el sable.

Cosas del día a día: El nuevo exilio llega de Iberia (Revista Domingo, El Universal)

En busca de un porvenir

Nacho Fernández presume su foto a los pies de la estatua al emigrante español, en el malecón de Veracruz. El monumento, una efigie de bronce de cinco metros de altura, es un homenaje de los porteños a aquellos ibéricos que llegaron a México en los años cuarenta, con ganas de trabajar y tener un mejor futuro. Así se ve Nacho a sí mismo. Y así se vuelve a dibujar la sociedad española, que después de dos décadas doradas exporta más inmigrantes de los que recibe. Sus paisanos del siglo pasado llegaron con el estómago vacío o escapando de la dictadura. Los nuevos cargan títulos de universidades prestigiosas pero huyen del desempleo, y no arrastran pesados equipajes sino hipotecas.

Cosas del día a día: La historia de Don Alejo Garza (APR)

Hay un episodio reciente que ha pasado inadvertido para la mayor parte de los medios de comunicación españoles. Quizá porque no es modelo de mansedumbre y buen rollito, y resulta socialmente incorrecto al haber pistolas, escopetas y toda clase de armas de por medio. Y en este país imbécil que habitamos y que nos habita, de ahí a llamarle ultraviolento y facha -etiqueta adhesiva polivalente- a su protagonista, incluso a quien se refiera a él, hay menos que el canto de un euro. Pero me importa un carajo. Como decía mi abuelo, hay cosas que alientan la virtud, o al menos cierta clase de ella, aunque no se trate de la que anda al uso. Así que, bueno. Quien sepa ver virtudes en esta historia, que las aproveche. Y el que no, pues oigan. Que le vayan dando.

Cosas del día a día: Saludando no es gerundio

No sé si se habrán fijado, aunque supongo que sí. Que se fijan. Cada vez resulta más inusual que alguien, al interpelar a otro en busca de un servicio o una información, recurra a la correctísima y tradicional fórmula «por favor», y mucho menos que anteponga un cortés «buenos días». Por lo común, la peña suele abordarse sin prolegómenos, a bocajarro, en plan compadres que frecuenten el mismo puticlub, sustituyendo el saludo de toda la vida por una frase absurda que en los últimos tiempos ha hecho fortuna en España, y que permite identificar de lejos a un compatriota, o lo que seamos ahora, en cualquier latitud y longitud: ese bajuno «oye, perdona», acentuado por el infame tuteo con que resolvemos, tanto con abuelos como con niños, nuestra vida social. No hace mucho, en un local muy correcto de París, tras escuchar en una mesa vecina un sonoro «oye, perdona», vi a un estirado camarero gabacho hacerse el sueco ante dos turistas españoles ya maduritos.

Cosas del día a día: El Yonatan y la Jessi

A veces, cuando me empitono con el personal, se me va un rato la pinza de la ropa y pido napalm a gritos, incluido para mí, algún colega me dice eso de pírate, tío, tú que puedes. Para qué sufrir con el paisaje. Pero es que no es lo mismo, suelo responder. A mí me gusta esto incluso con letra pequeña. Me pone mirarnos hablar, pelear, sufrir, soñar, equivocarnos o acertar. Debe de ser mi fondo de alma friki -lo afirma un fan del Príncipe Gitano y de los Chunguitos-, pero soy incapaz de resistirme ante un producto racial de aquí, bien elaborado. A veces voy por la calle y debo contenerme cuando me lo topo, sobre todo cuando llevo corbata y voy formal, para no darle un abrazo y besarlo en la boca. O besarla. Y es que al final acabas tomándole cariño a la peña. Tan irrepetible, oigan. Tan nuestra. Es un perro y se le quiere, así que calculen. Con las personas humanas. Los españoles de España.

Cosas del día a día: España discutida y discutible

Me llamó la atención el otro día, viendo un telediario, que en ningún momento de la información referida a un partido internacional de fútbol se mencionara la palabra España. El reportaje incluía una entradilla de la presentadora del informativo y otra de un redactor de deportes. Sumaba el asunto, entre pitos y flautas, unos tres minutos de información. Y ni una sola vez, en todo ese tiempo, pronunció nadie las palabras selección nacional o selección española. Todo el tiempo se habló de la Roja. Un nombre o apodo afectuoso, éste, que por otra parte me parece bien. Simpático, incluso. En principio. El problema es que, en este país fértil en cantamañanas -como dijo alguien, una ardilla podría recorrerlo saltando de tonto en tonto-, hasta lo simpático somos capaces de convertirlo en empachoso y desagradable, a causa de nuestra singular capacidad para combinar gregarismo y estupidez. Eso, naturalmente, en el mejor de los casos.

Cosas del día a día: Esa otra fiel infantería

Los vi hace poco en el aeropuerto de México: ojerosos, mal afeitados, hechos polvo tras largos vuelos y tránsitos infames. Eran cuatro -uno, naturalmente, se llamaba Pepe- y hablaban de Flandes y de las Indias. O de como se diga ahora. Holanda, decían. México y Venezuela. Sitios así. Hablaban de saqueos, botines y aventuras. O sea, de buscarse la vida donde ésta late. De negocios. Estaban allí con sus arrugados coletos de cuero transformados en trajes de chaqueta y corbata; con sus armas, que eran ordenadores y agendas, y con esa mirada absorta, fatigada, que les queda a los que vienen de asaltar las murallas de Breda o pelear en las calzadas de Tenochtitlán. Observándolos mientras consultaban las salidas de los vuelos, concluí que tampoco, si uno se fija bien y leyó los libros adecuados, hay tanta diferencia: Barajas en vez de Cádiz, Lisboa o la boca del Guadalquivir, en galeones, o Italia y el Camino Español por los Alpes y Suiza, rumbo al norte de Europa.

Cosas del día a día: Discriminación de niño español en colegio de México DF

Saludos,

He decidido quejarme en este foro sobre una situación que no sólo es ridícula sino patética: un colegio que discrimina a un niño por su procedencia española, simple y llanamente. El lugar en cuestión es el Instituto Pedagógico Nazca, ubicado entre las colonias Marte Militar y Reforma Iztaccihuatl en México DF. La "miss" directora (cómo detesto que haya ese "formulismo" para dirigirse al profesorado) María de los Ángeles Enríquez Vallejo es una indocumentada de la vida, prejuiciosa y con escasa, muy escasa educación que desde un inicio ha creado mal ambiente alrededor de mi hijo, un niño valenciano de siete años que ha sido criado y educado de forma muy distinta. No digo que sea mejor o peor, sólo muy diferente como (parece ser por las opiniones y testimonios de otras madres) se conducen en tal "centro del saber": una primaria privada que pretende ser de altos vuelos y que vende la burra de estar dentro de los 20 mejores colegios a nivel federal.