[Continua de Españoles por el mundo: Dublín ]
Los fracasos en la búsqueda de piso continuaban y la opción de meterme al primer cuchitril que encontrase empezaba a rondarme la cabeza. Dejaba mi teléfono en todos los sitios que veía, pero siempre había gente antes que yo y nunca me llegaban a llamar.
Finalmente, dos días antes de terminar el mes en el alojamiento temporal, llegué a un estudio donde no daba miedo vivir, con una cama normal (y no un colchón tirado en el suelo) y en una zona muy agradable. Le dije a la casera que donde estaba la lista de espera para apuntar mi número. No había, era el primero en verlo. Me pidió 200 euros de depósito y apuntó en un papel, de su puño y letra, que recibía el depósito. Mi desesperación era tal que me daba igual si era un timo, seguía siendo la única oportunidad de irme a vivir a un sitio decente y rápido que había encontrado. Por suerte, no fue un timo, era el choque con el exceso de confianza que circula en esta isla.

