Opiniones contundentes
Hola, os dejo este artículo de Juan Bonilla por si os apetece leer.
ME sorprende, e instantáneamente me deprime mucho, constatar la cantidad de asuntos importantes acerca de los cuales soy incapaz de tener una opinión. Que las opiniones sean el grado cero del conocimiento, no lo mejora: envidio a quienes llevan las opiniones como pistolas en sus cartucheras, dispuestas a ser desenfundadas de inmediato, en cuanto aparece un tema cualquiera en el horizonte. Por ejemplo, leo una columna de Suso de Toro sobre la muerte de la izquierda, y al topar con alguna frase como «las generaciones jóvenes están atrapadas en una bolsa de irrealidad», me comen las dudas, la miro por arriba o por abajo, tratando de averiguar si es una declamada necedad pomposa o sólo una tontería intrascendente, y la coloco ante el espejo de la experiencia, la hago medirse con los jóvenes que conozco, los que trabajan horas y horas a cambio de 800 euros, la mido con una jornada cualquiera de mi hermano David, que hace cada día cien kilómetros con su coche, trabaja un montón de horas sin parar, se levanta con su mujer a las seis de la mañana para dejar el niño en casa de unos familiares... ¿Irrealidad? Ojalá estuviéramos todos atrapados en esa bolsa de irrealidad fantasiosa en la que derecha e izquierda no son perros en combate, como en las columnas de los ideólogos facilones que sueltan sus prédicas llenas de eslóganes baratos, de opiniones que se quieren contundentes pero que no son más que soufflé y palabrería. Claro que más adelante me topo con el novelista Álvaro Pombo, que hablando de la realidad virtual, afirma que a los escritores no nos da miedo porque sabemos desde siempre que realidad y ficción se solapan de tal manera que acaban siendo la misma cosa. ¿De verdad lo dice en serio? No sé, puede que no sea más que una boutade, o puede que lo que quiera decir es que, la realidad, al ser cosa que sólo sucede un instante, en el puro presente que se fuga, acaba tergiversándose en ficción quiera o no, mediante cualquiera de los mecanismos que tenemos para producir ese milagro: la invención, el ensueño, el recuerdo. Pero mientras sucede, y siempre está sucediéndose, ¿cómo no va a distinguirse lo real de lo que no lo es? En la realidad se caen los edificios porque viene un huracán, y ya me dirás si es realidad real o no que unos aviones se estrellen contra unos rascacielos... Échale luego toda la ficción que quieras, Pombo, pero apuesto mil contra uno a que no te hubiera gustado estar dentro de uno de esos rascacielos para saber que la realidad y la ficción no se solapaban allí dentro.
Me gustaría tener opiniones contundentes como éstas que copio un día cualquiera, pero carezco de ellas, mis pistolas son lentas, pesadas, y tardo demasiado en desenfundarlas. Todavía estoy buscando mi opinión acerca de si es admisible que las niñas de dieciséis años puedan abortar sin informar a sus padres, de si puede consentirse la objeción de conciencia de los médicos, de si tenemos que mandar más soldados a Afganistán, de si dejar los fondos del Estado sin una moneda es buena manera de enfrentarse a la crisis o es más bien la manera perfecta de conseguir que la crisis se nos instale en las entrañas hasta el 2020. No sé qué opinar de tantas cosas importantes, seguramente porque, tengo que aceptarlo, carezco de ideología, y porque me he convencido de que una opinión es el primer paso para construir un dogma, y la verdad, si ya estoy hasta los huevos de los dogmas de la derecha, empiezo a estar también hasta los huevos de que la izquierda se llene de curas y santones con el gatillo fácil para soltar una necedad que le ponga una orla, su orla de progresismo falaz, a una realidad cada vez más cruda. No sé si la izquierda está muriéndose, como denuncia Suso de Toro: lo que sé, es que con ideólogos como él, lo mejor que puede pasarle es que le pongan una inyección que la mande a la sosegada nada definitiva donde al menos no se escribirán impunemente tonterías disfrazadas de opiniones contundentes.
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Bueno, pues a mi lo que me parece es que la boutade la ha escrito Bonilla. Una cosa es que esos dos escritores hayan dicho una estupidez, y otra, que no se puedan tener opiniones "contundentes". Pretende ser snob. Y creo que él cae, precisamente, en lo que critica, ya que este artículo a mi me parece una opinión muy contundente. Demasiado.
Ah, y el último párrafo tampoco tiene desperdicio, como ejercicio de incoherencia. La verdad es que para "carecer de ideología y de opiniones contundentes" de despacha a gusto:
"No sé qué opinar de tantas cosas importantes, seguramente porque, tengo que aceptarlo, carezco de ideología, y porque me he convencido de que una opinión es el primer paso para construir un dogma..." (...) "Lo que sé, es que con ideólogos como él, lo mejor que puede pasarles es que le pongan una inyección (a la izquierda) que la mande a la sosegada nada definitiva donde al menos no se escribirán impunemente tonterías disfrazadas de opiniones contundentes".
Viene muy al hilo...