"En defensa de la felicidad", de Matthieu Ricard
En defensa de la felicidad’, de Matthieu Ricard
EL RETORNO DEL MONJE
Matthieu Ricard (París, 1946) es hijo del reputado periodista, gastrónomo y ensayista francés Jean-François Revel. En su juventud fue un brillante estudiante que se doctoró en biología molecular, inició sus investigaciones bajo la dirección del Premio Nobel de Biología François Jacob, y durante algunos años trabajó en el prestigioso Instituto Pasteur. Un buen día sorprendió a su padre y a su maestro comunicándoles que abandonaba la investigación. Quería dar un giro total a su vida para seguir las enseñanzas del budismo tibetano, convirtiéndose finalmente en monje budista.
Matthieu abandonó una vida de comodidades y una carrera de éxito en el campo de la investigación científica para entregarse a una búsqueda espiritual que entendió más fructífera. En esta travesía de la ciencia al espíritu ha vivido en la India, Bután y Nepal, donde actualmente reside. Es uno de los más estrechos colaboradores del Dalai Lama y, desde que éste recibió el Premio Nobel de la Paz, le viene sirviendo como traductor e intérprete de francés. Está consagrado a la vida monástica en el monasterio de Shechen e involucrado en la preservación de la cultura tibetana y en proyectos humanitarios en el Tibet. Durante los últimos años ha destacado como un activo difusor del budismo en Europa a través de diversas publicaciones, charlas y conferencias.
Hace algunos años Jean-Francois Revel trató de profundizar en la raíz de la decisión que un día tomó su hijo de cambiar radicalmente de vida y quiso dar respuesta a la pregunta de por qué el budismo gana hoy en día tantos adeptos y despierta tanta curiosidad en Occidente. Para ello se embarcó junto con Matthieu en un singular proyecto: un libro de conversaciones en el que padre e hijo, filósofo y monje, contrastaban sus puntos de vista y hacían un repaso a sus más íntimas creencias, en un ejercicio público de introspección mutua.
El libro se publicó en España bajo el título El monje y el filósofo (Urano, 1998) y gozó de un éxito notable. Budismo, espiritualidad, sabiduría, ciencia, política, fe, superstición ó psicoanálisis fueron algunos de los temas que abordaron padre e hijo en estas conversaciones sobre el sentido de la vida que se cerraban con las correspondientes conclusiones del monje y del filósofo. El primero entendía que la ciencia es capaz de mejorar nuestras condiciones de vida haciendo de nosotros individuos más cómodos durante una dilatada existencia. Pero el problema que está por resolver es el de la calidad de esa vida y concluía que “la única manera de vivir una existencia de calidad es dándole un sentido interiormente: conociendo y transformando nuestra mente”.
El filósofo, por su parte, comentaba que las conversaciones con su hijo le habían aportado la clave para el entendimiento de esa atracción que ejerce el budismo en Occidente. “Se debe ante todo –escribía Revel- a que el budismo llena un vacío en los ámbitos del arte de vivir y de la moral creado por la deserción de la filosofía occidental”. Reconocía “una admiración cada vez mayor por el budismo como sabiduría y un escepticismo cada vez más grande hacia el budismo como metafísica”, y concluía que “la sabiduría no reposa en ninguna certidumbre científica, y la certidumbre científica no conduce a ninguna sabiduría”.
Uno de los pasajes clave de ese libro era el que arrojaba luz sobre la génesis de la decisión de Matthieu Ricard de cambiar completamente de vida. No se podía quejar del ambiente en el que se desarrollaba su existencia pues nada le faltaba y un brillante porvenir le sonreía. Por el domicilio de Revel, casado con la pintora Yahne Le Toumelin, desfilaban filósofos, pensadores, gente del teatro, artistas y poetas. André Bretón, Maurice Bejart o Igor Stravinsky eran personajes con los que el joven investigador tuvo oportunidad de conversar en un ambiente distendido. Gracias a su tío conoció también a célebres exploradores y, a través de François Jacob, a sabios eminentes que acudían al Instituto Pasteur para dar conferencias.
Como el propio Matthieu reconocía, “he tenido oportunidad de estar en contacto con personajes fascinantes en muchos aspectos”. ¿Qué fue entonces lo que le impulsó a ‘huir’ de un mundo en el que se le ofrecía la oportunidad de codearse con tantas eminencias? La explicación del monje era sencilla: El genio que manifestaban todos estos personajes en su disciplina “no iba necesariamente acompañado de, digamos…una perfección humana. Su talento, sus capacidades intelectuales y artísticas no hacían de ellos buenos seres humanos. Un gran poeta puede ser un ladrón; un sabio, alguien infeliz consigo mismo; un artista, un ser lleno de orgullo. Todas las combinaciones, buenas o malas, eran posibles”.
Al tiempo que percibía que “el genio manifestado por esas personas en un ámbito particular no iba acompañado por las perfecciones humanas más simples como el altruismo, la bondad o la sinceridad”, el joven Matthieu descubría, a través de películas, lecturas y fotografías, que la manera de enfocar la existencia de los maestros tibetanos “parecía ser el reflejo de lo que enseñaban”. Una lección tan sencilla como el ‘practica lo que predicas’, tan difícil de aprender con ejemplos en Occidente, cambió para siempre su vida.
Retorna ahora el monje a las librerías -esta vez sin la compañía del filósofo Revel- y nos invita de nuevo a la reflexión con la publicación de En defensa de la felicidad (Urano, 2005), que se ofrece como “un auténtico tratado de la felicidad, a la vez que una convincente guía para nuestros individualismos carentes de puntos de referencia”. Se trata de una propuesta de mirada hacia el interior de nosotros mismos, desde una perspectiva budista, que resalta aspectos que esta filosofía práctica, religión o modo de vida comparte con otras corrientes espirituales o expresiones del pensamiento humano más profundo. En sus reflexiones se percibe esa búsqueda de la ‘filosofía perenne’ de que nos hablaba Aldous Huxley cuando resaltaba las coincidencias, en sus aspectos más fundamentales, de las principales creencias y religiones.
Las mismas preocupaciones que mostraba Matthieu en El monje y el filósofo siguen estando muy presentes en este nuevo libro. Cuando habla de ética y reflexiona sobre si ésta puede entenderse como una ciencia de la felicidad, nos recuerda que “tan sólo en Occidente se puede considerar un gran moralista a alguien que posee un ego desmesurado”. “Según el budismo -nos dice- es inconcebible que un pensador o un filósofo que manifiesta defectos muy corrientes esté capacitado para proponer al mundo un sistema ético fiable”. En este sentido, resume, “una ética exclusivamente construida por el intelecto, y que no sirve para hacer referencia constantemente a una auténtica sabiduría personal, carece de fundamentos sólidos”.
El monje empieza por diferenciar muy claramente entre placer y felicidad, diferencia que en Occidente no parece estar del todo clara, y comenta que “el placer se vuelve sospechoso desde el momento en que produce una necesidad insaciable de repetirlo”. Hace un repaso al modo de vida occidental que se caracteriza por “una hiperactividad compulsiva en la que no debe haber el menor ‘blanco’, el menor vacío, por miedo a encontrarse con uno mismo”. Aceleramos constantemente para no ir a ningún sitio y cruzamos “la barrera del sonido de lo inútil”.
Ricard entiende “que el individualismo exacerbado, surgido de un poderoso apego al ‘yo’ esté omnipresente en las sociedades modernas”, pero no acepta que de ese individualismo desmedido se puedan extraer principios éticos y proponerlos al mundo como ideales”. Cree que el camino de la auténtica felicidad está en un viaje hacia nuestro interior para descubrirnos a nosotros mismos y que ese viaje no se puede iniciar sin haber internado previamente al ‘yo’ en un centro de reposo.
En nuestras relaciones con los demás nos propone aplicar el precepto budista que “exige ponerse constantemente en el lugar del otro”, y nos recuerda que “cada vez que excluimos de la ética el amor, la compasión y el perdón, la privamos de su esencia”. La humildad es otro de los caminos que nos invita a recorrer. “Un valor –dice- que el mundo contemporáneo, teatro de las apariencias, ha olvidado”. Es tal el ‘derroche de egos mundanos’ que desfilan por los medios de comunicación de masas que Ricard no ve que haya un hueco en nuestra sociedad para la humildad. “Las revistas –dice- no paran de dar consejos para ‘afirmarse’, para ‘parecer un luchador’, suponiendo que uno no lo sea”.
Sus reflexiones pueden resultar a veces de una candidez tibetana y sus ejemplos un tanto ingenuos o naïf. El capítulo que dedica a la humildad lo ilustra, por ejemplo, con dos anécdotas del Dalai Lama: en una ocasión, a la salida del Elíseo, rompió el protocolo para estrechar la mano de un guardia ante un supuestamente sorprendido François Miterrand. En otra, con motivo de un banquete de honor en el Parlamento Europeo, se introdujo en las cocinas para saludar al personal y salió comentando: “¡Huele muy bien!”. Hay, sin duda, cierta inocencia en este libro pero, también –y es lo que más nos interesa-, mucha sabiduría.
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Hola niño
Que tal redondear esta estupenda presentacion que has hecho de Ricard, deciendo que podriamos considerarlo "El hombre mas feliz del planeta"
http://pacotraver.wordpress.com/2007/04/23/el-hombre-mas-feliz-del-mundo/
He leido éste y otras cosillas de él y he aprendido mucho. Siempre he dicho que de no ser por mi animadversion a etiquetarme, seguramente podria declararme budista.
Por ùltimo, quiero lanzar un reto a todos los habitantes del planeta para que precisamente, cultivemos esa inocencia, esa candidez que vamos perdiendo erroneamente cuando "maduramos".
Gracias lola por tu comentario y también por lo de niño.
Estoy de acuerdo contigo en retornar a la inocencia.
Gracias por el post Stebann!!
De nada Marcos,gracias a ti por leerlo.
:)
Stebann, me ha encantado leer este hilo y tambien el link de El Pais que añadió girondo. Y la verdad es que me apasiona el tema de la "plasticidad del cerebro" (ese gran desconocido)y estoy de acuerdo en que es "la forma en la que percibimos lo que nos rodea" un factor muy influyente en la forma de vivir de cada individuo. Me gusta y me parece una gran verdad lo de que "El pensamiento mueve montañas". En especial en el campo de la medicina es sorprendente el numero de casos en los que la forma de percibir la enfermedad influye en la evolucion de la misma.
Bueno la vida no tiene sentido, si la vives desde la cabeza,lleno de miedos,desde un nivel puramente insititivo preocupado de sobrevivir. Si transciendes eso, pues vas viendo que tiene su ritmo,sus ciclos, sus reglas...El budismo es una opción que a algunos les vale, como otras religiones en este planeta, para ese "darse cuenta".
Y sí, eso, se basa en experimentar y no en creer lo que un cura te diga, lo cual visto lo visto no está nada mal :)
Alguien dijo alguna vez que todo esta dentro de uno mismo,y si quieres arreglar el mundo ,primero arregla al hombre.Mathiu ,creo que viene a decirnos lo mismo.Lo más sencillo es el camino mas corto .Lo que ocurre ,que el ser humano por naturaleza tiende a complicar las cosas y cuando se las plantea facil ,no lo ve posible.Siempre creí que las complicaciones de esta vida las hemos creado nosotros mismos,a la vez que hemos creado las mismas ¿por que no podemos crear las solucciones y con ellas el cambio? .No se,me dio por pensar hoy.
Gracias Esteban por este post.Un beso
Si girondo ,pero tambien hay otro numero de personas ,que se interesan por los demás y estan esparcidos en diferentes clases sociales etnicas o grupales e incluso aquellos ,que desinteresadamente y desvinculados de cualquier creéncia, ofrecen un potencial basado en la seguridad de ellos mismos y en sus experiencias , que son interesantes de escuchar ,pues pudiendo ver el vaso medio vacio lo ven medio lleno .Alguien dijo alguna vez que un tanto muy elevado por ciento de nuestra respuesta ante las adversidades es nuestra actitud ante ellas y otro mucho mas pequeño nuestras decisiones.No creo que nadie llegue a ciertos caminos por pasar el rato.Si creo que ciertas decisiones y vivencias ,llevan a las personas a posicionarse de una u otra manera y lo interesante ,es descubrir por que.
Un saludo
No oscar, es rebeldillo pero nada mas... jajajaja.
Girondo, no comparto lo que dices, lo respeto pero no lo comparto para nada. He conocido monjes de diferentes tradiciones y no me parecen personas egoistas que se olvidan de todos y de todo, mas bien al contrario. Hacen su propio camino como tu haces el tuyo. Y algunos hacen buenas obras por los demás. Como cualquier ser humano hay de todo, no digo que no, pero no se puede generalizar. Te voy a poner algun ejemplo conocido, pero hay muchos anonimos:el Dalai Lama, la madre Teresa de Calcuta, Ramakrishna, Sivananda, Gandhi... Tu crees que son personas egoistas que no se preocupa de nadie ni de nada? a mi no me da esa impresión. Y no pertenezco a ninguna religión, que quede claro.
100% de acuerdo #21
Si eso es egoismo... apaga y vamonos
Este libro es Excelente Sres, lo estoy leyendo y no quiero que se acabe, me esta ayudando mucho en este momento de mi vida que es realmente gris, si alguno quiere compartir informacion o recomendarme algo similar se los agradeceria , mi correo es : xerteza@hotmail.com
slds a todos.